Los curimomos o curis son dibujos, viñetas o imágenes de personajes de series, anime y videojuegos que se modifican para contar situaciones absurdas o hacer bromas. Su estética suele ser deliberadamente rudimentaria, como un garabato improvisado, y entenderlos exige conocer el contexto. No son acoso por definición: el problema aparece cuando se utilizan para humillar, insultar o dirigir mensajes de odio contra personas reales.
Ese es el motivo de la preocupación en centros educativos españoles: cuentas anónimas que utilizan el nombre de colegios e institutos publican curis sobre alumnos y profesores, principalmente en TikTok y también en Instagram. Algunas recrean anécdotas cotidianas; otras convierten una referencia compartida en una herramienta de humillación.
Cuando el meme del instituto se convierte en ciberacoso
Estas publicaciones pueden burlarse de compañeros o docentes mediante referencias que resultan evidentes para quienes comparten aula, aunque para alguien de fuera sean incomprensibles. Que una persona ajena no identifique a la víctima no elimina la humillación dentro del grupo. Esa diferencia explica por qué una imagen aparentemente inocua puede tener una carga de hostigamiento difícil de detectar sin contexto.
En las versiones más graves aparecen mensajes racistas, homófobos y gordófobos. La distinción no está en el acabado del dibujo, sino en qué se cuenta, a quién se señala y cómo se utiliza la publicación dentro de esa comunidad.
Ferran Lalueza, profesor de Comunicación e investigador de la UOC citado por La Vanguardia, señala el efecto combinado de la participación del grupo y la amplificación del algoritmo de TikTok. Una cuenta con pocos seguidores puede generar una difusión que haga que la víctima perciba el ataque como masivo; el contador de seguidores no funciona como un límite de alcance.
A ello se suma la huella digital, que, según el experto, puede prolongar la estigmatización más allá del episodio original. Cuando una publicación sale del círculo del instituto y se viraliza, perder el contexto no equivale a deshacer el daño, aunque buena parte de quienes la vean desconozcan su significado.

Anonimato, moderación y respuesta de los centros
El anonimato de quienes administran estas cuentas añade otra dificultad, pero no debe confundirse con la imposibilidad de identificarlos. Lalueza recuerda que los cuerpos de seguridad disponen de medios para investigar quién está detrás de un perfil.
La inquietud ya ha llegado al terreno policial: según la información de La Voz del Sur recogida por La Vanguardia, el 20 de octubre de 2026 se presentó en una comisaría de la Policía Nacional de Málaga una denuncia relacionada con una de estas cuentas, que dio lugar a una investigación.
En los centros, las reacciones no son idénticas. Algunos docentes y responsables educativos ven en estas publicaciones una forma de erosionar su autoridad; otros asumen que tendrán que convivir con contenidos humorísticos sobre la vida escolar. El precedente está en las cuentas de cotilleos de institutos: cambia el envoltorio, pero la exposición de compañeros y profesores no empieza con los curimomos.
La moderación de las plataformas tampoco resuelve por sí sola el problema. Según Lalueza, ese lenguaje indirecto permite que mensajes ofensivos pasen inadvertidos para los filtros, precisamente porque su interpretación depende de claves compartidas.
La respuesta que plantea combina acompañamiento, educación digital y límites: ayudar a los adolescentes a comprender qué publican y sus consecuencias. Cuando las conductas sobrepasan ciertos límites y pueden tener relevancia penal, el experto considera necesario denunciarlas.
De dónde vienen los curimomos
La información publicada por La Vanguardia sitúa sus posibles antecedentes en grupos de Facebook en español dedicados a los videojuegos y al humor absurdo, con comunidades como Seguidores de la Grasa entre las referencias de ese entorno. Personajes como Bob Esponja aparecían de forma recurrente en estas parodias, que sustituían protagonistas o reinterpretan escenas.
En sus inicios eran ejercicios gráficos de humor y sátira: personajes dibujados con trazos torpes, cómics calcados digitalmente o imágenes extraídas de sus obras originales, con textos y situaciones que cambiaban su significado. También existían animaciones sencillas. Se trata, por tanto, de una variante del meme basada en la transformación visual y las referencias compartidas, no de un formato concebido necesariamente para acosar.

