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¿Puede la inteligencia artificial salvar una atención primaria colapsada?

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Escrito por Edu Diaz

enero 9, 2026

Encontrar médico de atención primaria se ha convertido en una juego de paciencia (y de teléfono) para mucha gente, incluso en lugares con fama de tener un sistema sanitario potente. En Massachusetts, el problema está llegando a un punto especialmente delicado: la plantilla de profesionales de primaria se está reduciendo más rápido que en la mayoría de estados, y el resultado es visible para el paciente, que puede escuchar una frase tan surrealista como “te damos cita en año y medio… o en dos años”.

En ese contexto, Mass General Brigham (MGB), la mayor cadena hospitalaria del estado, ha empezado a apoyarse en inteligencia artificial con un programa llamado Care Connect, pensado para dar acceso rápido a consultas de telemedicina y descongestionar una atención primaria que lleva años tensionada. ¿Es el tipo de “upgrade” que necesitaba el sistema o una solución provisional que tapa grietas sin arreglar la base? ¿Entendéis ahora porque las grandes compañías están empezando a poner centros de inteligencia artificial en el espacio?

Qué es Care Connect y cómo funciona la atención con IA

Care Connect es un programa de MGB lanzado en septiembre que combina un primer contacto con un agente de IA y, cuando corresponde, la atención posterior de un médico por videollamada. La experiencia típica empieza en una app: el paciente solicita la consulta y dedica unos minutos a chatear con la IA para explicar qué le pasa y por qué quiere ver a un profesional. Después, la herramienta genera un resumen de esa conversación y se lo envía al médico, junto con una sugerencia de diagnóstico y un posible plan de tratamiento, de manera que el clínico pueda tomar decisiones con más contexto desde el primer minuto.

El ejemplo más ilustrativo es el de Tammy MacDonald, directora en un centro de educación de adultos cerca de Boston. Tras la muerte repentina de su médico, se encontró buscando sustituto en una situación que afecta a alrededor del 17% de los adultos en EE. UU.: no tener un profesional de atención primaria asignado. Con necesidad de renovar medicación para la tensión y de organizar seguimiento tras un susto por cáncer de mama, llamó a diez consultas cercanas sin éxito; nadie aceptaba nuevos pacientes y algunas le ofrecían plazos de año y medio o dos años. Al recibir una carta de MGB avisando de que no había cupo presencial disponible, vio el enlace a Care Connect, pidió una cita por telemedicina y, tras una conversación de unos diez minutos con la IA, logró una videollamada con un médico en uno o dos días, un contraste difícil de ignorar.

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La propuesta de MGB es clara: disponibilidad 24/7 para problemas habituales, con médicos trabajando en remoto desde distintos puntos de Estados Unidos. El programa cuenta con 12 médicos que se conectan para atender pacientes, y la idea es que la herramienta actúe como una puerta de entrada rápida, similar a un servicio de urgencias leves, cuando lo que falla es la capacidad para dar citas de primaria en tiempos razonables.

Para qué casos sirve (y dónde no llega)

MGB describe Care Connect como útil para consultas comunes: resfriados, náuseas, erupciones, esguinces y otras cuestiones típicas de “me pasa algo y necesito orientación ya”, además de problemas leves o moderados de salud mental y algunos asuntos relacionados con enfermedades crónicas. Según la responsable del programa en MGB, la doctora Helen Ireland, no está orientado a emergencias ni sustituye una exploración física: si hacen falta pruebas, análisis o imagen, el paciente se deriva a clínicas o laboratorios de la red.

El matiz aquí es el que suele separar la promesa tecnológica del uso prudente. Para el doctor Steven Lin, jefe de atención primaria en Stanford y fundador de un equipo de investigación aplicada de IA en salud, el uso más seguro hoy pasa por incidencias inmediatas: infecciones respiratorias altas, infecciones urinarias, lesiones musculoesqueléticas, erupciones. En cambio, para personas con múltiples condiciones crónicas —por ejemplo, hipertensión y diabetes— o con patologías especialmente serias como cardiopatías o cáncer, el valor diferencial sigue siendo el de un profesional que te vea de forma regular y construya una relación clínica sostenida, con contexto y seguimiento real.

Ahí es donde aparecen los límites de un chatbot, por muy “listo” que parezca. Los críticos señalan que la IA puede pasar por alto detalles importantes cuando hay condiciones solapadas, y que no tiene manera de comprender barreras muy humanas: si el paciente puede costear el seguimiento, si puede desplazarse, o qué dinámicas familiares y de cuidados condicionan los tratamientos. Ese tipo de información, la que no cabe bien en un formulario, es precisamente la que la atención primaria tradicional suele detectar con el tiempo.

Aun así, el programa encaja con algo que se repite en tecnología sanitaria desde hace años: mejor una alternativa segura y supervisada que empujar a la gente hacia urgencias hospitalarias por falta de acceso. El propio Lin lo resume con pragmatismo: si la atención puede ser segura, es preferible a no recibir ninguna.

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La crisis de la atención primaria y el debate: ¿puente o parche?

Care Connect no aparece de la nada, sino como respuesta a un cóctel conocido: falta de profesionales, carga administrativa y desgaste. En primaria, muchos médicos —pediatras, internistas y otras especialidades orientadas a la continuidad— cobran de media entre un 30% y un 50% menos que especialistas como cirujanos, cardiólogos o anestesistas, mientras su carga de trabajo lleva al menos dos décadas aumentando. La escena se repite: consultas complejas durante el día y, por la tarde-noche, expedientes, registros, mensajes y burocracia. Si esto te suena a “modo multitarea permanente”, no es casualidad.

En el entorno de MGB, cuando MacDonald se registró en la app, había 15.000 pacientes sin médico de primaria dentro del sistema, y la cifra ha crecido a medida que profesionales se han marchado a redes rivales. La doctora Madhuri Rao, médica de primaria en un centro de MGB, expresa frustración con la dirección del sistema: considera que se priorizan especialidades y que primaria queda en segundo plano, cuando en realidad es la base que sostiene el resto. En paralelo, parte del colectivo está implicado en esfuerzos de sindicalización y pide cambios estructurales, incluyendo mejoras salariales.

MGB ha prometido invertir 400 millones de dólares en cinco años en servicios de atención primaria, una cifra que incluye el contrato plurianual con Care Connect. El director de operaciones de MGB, el doctor Ron Walls, sitúa el programa como una pieza más dentro de una estrategia amplia: retener médicos, reclutar nuevos, reforzar apoyos y desplegar otras herramientas de IA. Entre ellas, se menciona una capaz de transcribir conversaciones médico-paciente en consulta, aunque no todos los clínicos la adoptan: Rao, por ejemplo, muestra preocupación por privacidad, por posibles filtraciones de información y por el uso de esas conversaciones para entrenar futuras generaciones de modelos.

El temor de fondo, compartido por algunos médicos, es que una solución nacida para cubrir un hueco acabe normalizando menos acceso presencial. El doctor Michael Barnett, internista en MGB también vinculado al impulso sindical, lo describe como un “Band-Aid” para un sistema roto: útil para tapar, discutible como remedio de fondo. La ironía es que, como en tantas historias de automatización, la tecnología llega para aliviar la presión… y al mismo tiempo abre una negociación sobre qué tipo de atención se considerará “estándar” mañana.

Mientras tanto, el programa crece. A mediados de diciembre, cada médico de Care Connect atendía entre 40 y 50 pacientes al día, y MGB planea que para febrero esté disponible para residentes de Massachusetts y New Hampshire con seguro médico, ampliando plantilla según necesidad. Los pacientes pueden usarlo como un servicio puntual o incluso elegir a uno de los médicos remotos como proveedor permanente, en un modelo que apuesta por la disponibilidad constante para quienes la prefieran.

La plataforma tecnológica detrás de Care Connect es de K Health, cuyo CEO, Allon Bloch, defiende que para resolver problemas de coste, calidad y acceso en Estados Unidos hay que empezar por la primaria y apoyarse en tecnología e IA. K Health trabaja también con redes como Mayo Clinic y Cedars-Sinai Medical Center. En un estudio pequeño financiado por la propia empresa, investigadores de Cedars-Sinai compararon cientos de recomendaciones diagnósticas y de tratamiento hechas por IA frente a médicos: la IA salió ligeramente mejor detectando “banderas rojas” críticas y alineándose con guías clínicas, mientras que los médicos destacaron al ajustar el tratamiento a medida que avanzaba la conversación.

Para el paciente atrapado en listas de espera imposibles, lo relevante no es quién “gana” en un paper, sino poder hablar con un profesional a tiempo. MacDonald, de hecho, ha usado Care Connect varias veces más: en algunas acabó hablando con un médico remoto; en otra, para vacunas relacionadas con viajes, solo interactuó con el chatbot antes de acudir a una clínica de viajes. La conclusión práctica es sencilla: si no puedes conseguir una cita presencial, una vía telemática con triaje asistido por IA puede darte un plan y algo de calma, al menos hasta que aparezca ese médico de cabecera que todos seguimos buscando como si fuese un dispositivo agotado el día de lanzamiento.

Fuente: NPR / WBUR / KFF Health News

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Edu Diaz

Cofundador de Actualapp y apasionado de la innovación tecnológica. Licenciado en historia y programador de profesión, combina el rigor académico con el entusiasmo por las últimas tendencias tecnológicas. Desde hace más de diez años, soy redactor de blogs de tecnología y mi objetivo es ofrecer contenido relevante y actualizado sobre todo este mundo, con un enfoque claro y accesible para todos los lectores. Además de mi pasión por la tecnología, disfruto de las series de televisión y me encanta compartir mis opiniones y recomendaciones. Y, por supuesto, tengo opiniones firmes sobre la pizza: definitivamente, sin piña. Únete a mí en este viaje para explorar el fascinante mundo de la tecnología y sus múltiples aplicaciones en nuestra vida cotidiana.