Si estabas siguiendo el culebrón de alianzas en la industria de la IA sabrás que Google y Apple se han aliado, pero hoy hemos visto que hay un giro interesante: según una información publicada por Financial Times, OpenAI habría optado por no asociarse con Apple, al menos en el sentido de convertirse en su proveedor “a medida” de modelos de IA. En otras palabras, la idea de que el iPhone y compañía integrasen un modelo de OpenAI como “motor oficial” parece haberse enfriado por decisión consciente de la propia OpenAI.
La noticia añade un matiz clave que ayuda a entender el movimiento: en vez de cerrar un acuerdo de ese calibre, OpenAI estaría priorizando el desarrollo de su propio dispositivo de IA, con la ambición de adelantarse a las grandes tecnológicas. Y sí, hablamos de hardware, no de otra app más. ¿El detalle más jugoso? Ese dispositivo, todavía envuelto en bastante misterio, estaría diseñado por Jony Ive, el histórico exjefe de diseño de Apple.
OpenAI, siempre prudente cuando toca hablar de estrategia corporativa, no habría hecho comentarios oficiales sobre el asunto. Aun así, una persona cercana a la compañía habría explicado que la decisión de no convertirse en proveedor personalizado para Apple se tomó de forma deliberada en otoño del año pasado.
Qué significa que OpenAI no quiera ser el “modelo a medida” de Apple
La notícia del Financial Times es bastante específica: no se trata tanto de negar que existieran conversaciones, sino de evitar un rol muy concreto. Ser el “custom model provider” de Apple implicaría, en la práctica, trabajar para que el ecosistema de la marca integrase un modelo de OpenAI como pieza central, adaptado a necesidades internas, con un grado de dependencia y de integración profunda que suele venir acompañado de condiciones, prioridades y limitaciones de producto.
En este tipo de acuerdos, la compañía que pone la plataforma (Apple) marca el ritmo: el calendario, la integración y la experiencia final quedan subordinados a la coherencia del ecosistema, a su narrativa y a sus reglas de despliegue. Para una empresa como OpenAI, que compite por definir el estándar de interacción con la IA, asumir ese papel puede ser un arma de doble filo: se gana escala, pero se cede protagonismo.
El propio texto deja abierta una lectura importante: es muy probable que Apple y OpenAI hablasen del tema, pero no queda claro si Apple llegó a ofrecer formalmente un contrato. La redacción permite pensar que OpenAI pudo rechazar un acuerdo ya sobre la mesa, aunque también encaja con otra opción más sutil: que, ante la posibilidad de una oferta, OpenAI ya tuviera decidido decir que no.

¿Y por qué importa este matiz? Porque no es lo mismo rechazar un contrato concreto que evitar estratégicamente quedar atado a una integración que, una vez firmada, suele condicionar el rumbo durante años. En el mundo tech, donde las plataformas se convierten en jaulas doradas con una rapidez casi tan alta como la de los ciclos de hype, esa diferencia pesa más de lo que parece.
El plan alternativo: construir un dispositivo propio para “saltar” a las grandes tecnológicas
La parte más relevante del informe no es solo el “no” a Apple, sino el “sí” a una apuesta más arriesgada: según la misma fuente, OpenAI estaría centrada en desarrollar su propio dispositivo de IA, pensado para dar un salto por delante de los gigantes del sector. La frase utilizada —“leapfrog the big tech companies”— sugiere una intención ambiciosa: no competir solo en software o servicios, sino definir una nueva forma de interactuar con la IA desde el hardware.
En la práctica, esto plantea un cambio de juego: pasar de ser una tecnología que se integra en el móvil, el ordenador o el navegador de turno, a convertirse en una experiencia que nace con el dispositivo como primera idea. Es el tipo de movimiento que suele dividir opiniones, pero que también encaja con una industria que busca la próxima interfaz dominante, más allá de apps y pantallas tal y como las entendemos hoy.
Lo más llamativo es que el dispositivo del que se habla seguiría siendo “misterioso”. No se detallan características, formato ni fecha, así que aquí no hay espacio para especular sin base. Aun así, el hecho de que se mencione explícitamente la intención de construir un dispositivo propio ya es una pista de por dónde quiere crecer OpenAI: no como un “motor invisible” dentro de otra plataforma, sino como un actor con producto final.
Además, que esta decisión se sitúe en otoño del año pasado apunta a un proceso meditado, no a una reacción improvisada ante rumores o titulares. En el sector, cuando se habla de hardware y de estrategia frente a big tech, lo normal es que haya meses (o años) de planificación detrás, aunque el público solo vea la punta del iceberg.
Jony Ive en el foco: diseño industrial y un hardware aún por descubrir
El reporte vincula el dispositivo a Jony Ive, el exjefe de diseño de Apple que marcó época en la compañía con productos que definieron la estética tecnológica de una generación. Su nombre, por sí solo, no garantiza el éxito de un producto, pero sí sugiere una intención clara: si OpenAI quiere que el hardware sea el centro, el diseño y la experiencia física del dispositivo no pueden ser un detalle secundario.

Que precisamente una empresa de IA apunte a un diseñador de ese perfil refuerza la idea de que el dispositivo busca ser algo más que “una caja con micrófonos” o un accesorio anecdótico. Y, al mismo tiempo, hace más comprensible el distanciamiento con Apple: asociarse con la compañía de Cupertino puede abrir puertas, pero también puede cerrar otras… sobre todo si tu plan es competir con una nueva categoría de producto.
En cualquier caso, conviene quedarse con lo que sí sabemos por la fuente: OpenAI no habría querido convertirse en proveedor de modelos personalizados para Apple y estaría centrando su energía en construir su propio dispositivo de IA, diseñado por Jony Ive. Lo demás, de momento, es territorio de expectativas. Pero en un mercado donde todos quieren ser la “capa” que controla la experiencia —desde el sistema operativo hasta el asistente—, la gran pregunta es inevitable: ¿quién dominará la próxima interfaz cotidiana, la que usemos sin pensarlo, como hoy desbloqueamos el móvil casi por inercia?

