Si Fortnite te va a trompicones en un PC que, sobre el papel, debería moverlo con soltura, la sensación es especialmente frustrante: el juego no es precisamente un benchmark de “lo último en gráficos”, y aun así aparecen microparones, tirones o incluso algún parpadeo raro. Lo más habitual es que no sea un fallo “misterioso” de tu equipo, sino una combinación de ajustes del propio Fortnite, controladores y algún cuello de botella puntual que el juego gestiona regular. La buena noticia es que hay un puñado de cambios muy concretos que suelen arreglarlo, y conviene empezar por los que atacan el problema de raíz sin tocar demasiado el sistema.
La intención aquí es clara: conseguir una tasa de fotogramas estable y una experiencia fluida, aunque eso implique sacrificar un poco de calidad visual o rehacer algún componente de software. Y sí, hay incluso un ajuste que suena a leyenda urbana (lo del DPI del ratón), pero enough people lo han visto funcionar como para al menos probarlo si estás desesperado.
Ajustes rápidos que suelen arreglar el stuttering
Uno de los cambios más efectivos en Fortnite está escondido en el lanzador: activar la opción Pre-download Streamed Assets. En la práctica, el motor del juego puede ir descargando skins y texturas “sobre la marcha” según te las cruzas, y ese comportamiento puede generar tirones cuando el streaming de assets coincide con momentos de carga en partida. Al activar la precarga, el inicio puede tardar algo más, pero el recorrido dentro del juego tiende a ser más estable. Para hacerlo, entra en Epic Games Launcher, ve a la biblioteca, abre el menú de los tres puntos en Fortnite, entra en Options, marca Pre-download Streamed Assets, aplica cambios y reinicia el launcher.
Otro punto que ha dado resultados a muchos jugadores es el adaptador de red de Realtek, en concreto el Realtek Gaming 2.5GbE Family Controller (aunque puede aparecer como 5G o 10G según placa). La idea es que ese controlador “prioriza” tráfico, pero Fortnite no siempre se lleva bien con esa gestión y puede traducirse en comportamiento errático. Desde el Administrador de dispositivos en Windows, despliega Adaptadores de red, haz clic derecho sobre el Realtek y prueba primero a deshabilitar el dispositivo para comprobar si desaparecen los tirones. Si no cambia nada, vuelve a habilitarlo y prueba a actualizar el controlador; como último recurso, desinstálalo y reinstala el driver correspondiente.

En el apartado gráfico, merece la pena revisar el modo de renderizado. Cambiarlo a DirectX 12 puede mejorar la estabilidad en algunos equipos, especialmente si el problema viene de cómo se gestionan shaders y cargas previas. Entra en Fortnite, abre Settings > Video > Rendering Mode, selecciona DirectX 12 y reinicia el juego para que el cambio sea real. Si DirectX 12 no aparece como opción, primero conviene comprobarlo con dxdiag en Windows y, si no está disponible, actualizar el sistema. Si necesitas confirmar qué versión y edición tienes instalada, puedes verlo en esta guía sobre cómo saber qué versión y edición de Windows tienes. Y si lo tienes en Windows pero Fortnite no lo ofrece, una reinstalación del juego puede ser el desbloqueo que falta.
Luego está el ajuste “de culto”: bajar el DPI del ratón. Suena extraño, pero hay usuarios que reportan una mejora real en estabilidad. Si tu ratón permite cambiar DPI desde su software (por ejemplo, herramientas propias de la marca), reduce el DPI, compensa con la sensibilidad dentro de Fortnite y reinicia. ¿Qué pierdes probándolo? Un minuto, como mucho.
Por último, revisa la pareja clásica que, cuando no encaja, crea más drama del necesario: tasa de refresco del monitor y límite de FPS del juego. En Windows, ve a Configuración de pantalla y entra en Pantalla avanzada para fijar la mayor frecuencia disponible. En Fortnite, ajusta Frame Rate Limit a unlimited o al valor equivalente a los Hz del monitor. Puede ser menor si buscas estabilidad o rendimiento, pero evita lo contrario: limitar por encima de lo que el panel puede mostrar es una receta conocida para comportamientos raros en Fortnite.
Optimización gráfica: menos brillo, más estabilidad
Si la prioridad es eliminar tirones, la vía más directa es darle “aire” al equipo desde las opciones gráficas del propio Fortnite. Empieza por lo global: en Settings > Video, usa el ajuste automático de calidad en Low o selecciona el preset de Performance Mode. Es un recorte visual evidente, pero también una forma rápida de comprobar si el stuttering viene de una carga gráfica que el sistema no está resolviendo con consistencia.
A partir de ahí, hay varios interruptores que suelen tener un impacto claro en estabilidad. Desactiva opciones exigentes como V-Sync (que fuerza la sincronización constante entre FPS y refresco), Dynamic 3D resolution (que varía resolución según la carga), Nanite virtualized geometry (mejora detalle del entorno), Shadows y Motion blur. En particular, el desenfoque de movimiento es de esas funciones que muchos desactivan por gusto y, de paso, se llevan un pequeño extra de rendimiento; a veces, la mejor optimización es la que también mejora la claridad en plena partida.
Este enfoque no “arregla” un problema subyacente si hay un bug o un driver mal encajado, pero sí reduce las probabilidades de picos de carga. Y cuando lo que te rompe la partida es un microparón al girarte en un tiroteo, cualquier pico cuenta.

Red, drivers y reinstalación: cuando el problema es el sistema
Fortnite es online, así que parte de lo que percibimos como stuttering puede estar relacionado con la conexión. Una comprobación sencilla es probar otros juegos online desde otro dispositivo: si en el segundo equipo la red también va mal, el origen está en la conexión; si va fina, entonces tu PC es el que necesita ajustes. Si tu internet no es estable, las soluciones típicas pasan por reiniciar el router, revisar la configuración de la red doméstica o, si toca, hablar con tu proveedor, pero el punto clave es aislar si el fallo es de red o de máquina.
En el lado del sistema, mantener Windows y los controladores al día es más importante de lo que parece, sobre todo si hay parpadeos o comportamientos gráficos anómalos. En Windows, busca Check for updates y deja que el sistema instale lo pendiente. Después, en el Administrador de dispositivos, entra en Adaptadores de pantalla, localiza tu GPU y fuerza un Update driver. Un desajuste entre controlador de pantalla y configuración del sistema puede provocar desde stuttering hasta flickering, y no siempre se corrige solo con cambiar opciones dentro del juego.
Y si has tocado ajustes, probado DX12, reducido carga gráfica y aun así el juego sigue irregular, queda el clásico que suele funcionar cuando no encuentras el “culpable” exacto: desinstalar y reinstalar Fortnite. No es glamuroso, pero si hay archivos corruptos o una instalación que se quedó a medias, una instalación limpia devuelve el juego a un estado coherente. A veces el mantenimiento más efectivo es el que parece de primero de soporte técnico… y, sí, el que nadie quiere hacer justo antes de jugar.

